Hay muchas cosas que probamos en la vida y muchos caminos por los que andamos: religiones, sectas, curanderos, brujos, sexo, drogas, alcohol, materialismo, filosofías, venganzas, etc. Parecen buenos caminos, “todo el mundo lo hace”.

Creemos que le darán sentido a nuestras vidas. En nuestra propia opinión son correctos o no son tan malos. Pero Dios, que ve más allá de lo que nosotros vemos y que ve nuestro futuro a corto y a largo plazo, ve que hay muerte al final de estos caminos.

A veces es la muerte física. Otras veces es la muerte de nuestra paz, la muerte del amor, de la alegría, de la esperanza, la muerte de las relaciones, de la comunicación. La muerte de vivir lejos de Dios, sin su presencia, sin su cuidado, sin su bendición.

No importa cuál sea tu camino, o lo que estés probando o haciendo, si estás dispuesto a renunciar y a buscar a Dios, Él tiene otro camino para tu vida, con un final distinto.

Dios no te creó para el infierno, Dios te hizo para Él y para el cielo.

Para Dios hay un solo camino que nos conduce a Él. No hay muchos caminos, ni muchas obras, ni muchas cosas buenas, ni muchas ideas, sólo un camino.

La Biblia dice que Jesús “es el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6), y también dice que “todo aquel que en Él cree aunque esté muerto vivirá” (Juan 3:16).

Si tomas una decisión de fe, creyendo en Jesús y lo invitas a tu vida, serás salvo y tu destino será el cielo. No te estoy invitando a aceptar una religión sino a tener una relación personal con Jesús. Y esta es la más importante de todas tus decisiones, porque marcará para siempre tu presente y tu futuro.

Piénsalo!!

¿Quieres invitar a Jesús a tu vida? Dile: “Señor Jesús, reconozco que vivo como quiero y hago lo que quiero, te confieso mi pecado y te invito a mí vida. Te recibo como mi Señor y mi Salvador y creo que me perdonas, me limpias y me haces un hijo de Dios”.

Por Edgardo Tosoni