Cuando uno está vacío por dentro nada le satisface, nada le llena, ni acepta ningún tipo de acción que sea para su bien.Lo grandioso no es tener un carro sino la satisfacción que produce el hecho de tenerlo, algunos andan amargados en un vehículo lujoso; estar casado es bueno pero mejor es ser feliz en el matrimonio. Tener buena salud física es lo que todos aspiramos y deseamos porque sin ella nos morimos, pero la salud no basta plenamente para satisfacer al ser humano. Solamente con la salud física no se consigue felicidad, muchos suicidas tenían buena salud. Tus piernas no están hechas para hacerte feliz sino para sostenerte y trasladarte de un sitio a otro, si tus piernas pudieran hablar alguna vez dirían: “¡Apártense porque aquí llevo a un hombre desesperado y abatido!”.
Una vez un paralítico pidió ayuda a Jesús. Obviamente este hombre quería que le sanara las piernas. Jesús se dio cuenta de que el problema no era solamente la parálisis, sino su falta de paz espiritual.
_¡Jesús ten compasión de mí! _ gritaba el paralítico.
_ Tus pecados te son perdonados _ le dijo Jesús.
_ Yo no te pido que me perdones sino que me cures las piernas, ya estoy cansado de esta camilla.
_ Tu problema no está en tus piernas sino dentro de ti. ¿Para qué las quieres si no tienes alegría? Coge tu camilla y vete a tu casa, ya tienes paz espiritual le dijo Jesús y también la sanó de su parálisis. Ésta es la verdad completa: unas piernas sanas y la alegría de vivir (cfr. Mt 9, 1ss).
Así andamos muchos en la vida, creemos que el verdadero mal es la “camilla”, claro que andar todo el tiempo en una camilla no se le desea a nadie pero el problema profundo está dentro de nosotros mismos. La verdadera parálisis es la falta de amor, de capacidad de perdón, de esperanza y de alegría. Estamos vacíos de Dios y mientras Dios nos falte nada nos llenará plenamente.
Porque somos como un terno roto.
Autor: Ricardo Bulmez


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