A los que quieren vivir en abundancia.

Los que aprendieron a conducir en un carro sincrónico o Standard saben lo que se sufre por lo imposible que parecía lograrlo, pues uno no se explicaba cómo hacer esos cambios de marchas. ¿Para qué tanto movimiento de meter y sacar palancas?

Un tío mío me enseñó a manejar aunque creo que él no me enseñó, yo tuve que aprender pues me regañaba cada vez que no entendía, que era la mayoría de las veces. Me indicaba en dónde quedaban los cambios pero nada que los veía. Por lo difícil que era y por sus gritos estuve a punto de desistir.
Mira “muchacho’el carajo” eso es fácil, las velocidades de un carro son como una “H”  me decía mi tío.

_ ¡Ahhh!, ahora sí… _ contestaba yo.
_ ¡¿La ves?! ¡¿Ves la “H”?!
_ No  y más gritos me pegaba.
Sí, nuestros instructores nos enseñaban que los cambios o velocidades de un carro estaban dispuestos en forma de “H”, nos explicaban que la primera se utilizaba para arrancar, para subir algo muy empinado o para bajar una cuesta muy pronunciada, de esta forma se ahorrarían frenos; la segunda era para acelerar más el motor, la tercera daba más revoluciones y la cuarta era el máximo de velocidad, hasta donde llegara la capacidad del motor.

_ ¡Ahhh!, ahora sí entiendo decía yo, ¡son cuatro marchas!
_ No, “muchacho’e mierda”  contestaba mi tío, él era muy grosero , son seis, te falta el retroceso y el neutro.
_ ¿Para qué es el retroceso?
_ Para echar para atrás, porque alguna vez hay que retroceder y el neutro es para que te quedes tranquilo, para que no te muevas, para que el carro descanse.
Los instructores explicaban que el retroceso se conseguía hundiendo la palanca ligeramente hacia la izquierda y colocándola casi en paralelo a la primera, y el neutro estaba exactamente en la raya horizontal de la “H”. Todo esto tratándose de un volkswagen de la década de los 60.
_ ¡Ah…!

Después de esta explicación la cosa perecía sencilla, por lo menos más fácil que recibir gritos y regaños. Pero cuando uno llegaba al carro no se veía esa letra por ninguna parte, esto nos desanimaba y creíamos que nunca lo lograríamos. Pero poco a poco, con la paciencia y las peleas del instructor conseguíamos descifrar la famosa “H” y mover las cuatro ruedas.

Luego había una pregunta obligatoria:
_ ¡Tío, tío!, ¿cuándo meto la segunda?, ¿la tercera?, ¿y la cuarta?
_ El motor se la pide  contestaba tranquilamente.

Ahora si se complicó la cosa y cuando todo parecía ir bien, ¿cómo un motor de un carro va a pedir las velocidades?, ¿cómo va hablar? ¿Acaso dice: “¡Rrrrrrr mete la segunda, rrrrrrr!, ¡rrrrrrrr ahora la tercera, rrrrrrrr!, ¡ahora vuelve a la segunda, rrrrrrr!”? ¿Cómo un motor puede pedir la velocidad que necesita? Eso para mí era incomprensible, si no entendía las explicaciones de mi tío, ¿cómo iba a entender las del carro?
Ahora me doy cuenta de que eso es verdad, el motor pide la velocidad que debe ser y la que necesita. Todos los que saben manejar, los que son choferes, conocen el lenguaje del motor y saben cuál marcha está pidiendo, por eso sufren cuando a un carro lo llevan en segunda y está exigiendo cuarta.

Así pasa con la vida, algunos la llevan en “primera” todo el tiempo; otros no salen de “segunda”, hay quienes quieren arrancar sus proyectos en “cuarta” de una vez sin pasar por las demás y muchos se paralizan en “primera”, van como frenados. Los que conocen de abundancia sufren cuando alguien lleva la vida en una velocidad menor a la que ella está pidiendo.

Otros, los peores andan todo el tiempo retrocediendo. El motor de un carro “pide” la velocidad que necesita pero nunca el retroceso, tú se lo pones. La vida te exige muchas “velocidades”: que llores, que rías, que te decepciones… la vida te hace pasar por muchos sentimientos variados y opuestos entre sí, así es ella. Pero lo que nunca te pedirá es que vivas en el pasado y tampoco en “neutro”, esa es tu decisión. El pasado es para recordarlo no para anclarse en él.
¿Por qué no cambias de velocidad? Es verdad, hay momentos que hay que echar “pa’trás” pero no todo el tiempo.
_ ¿cómo estás?
_ Ahí, viviendo… que ya es bastante.
_ ¡Ay!, andas en neutro.

Si no has empezado a disfrutar las cosas bellas de la vida es porque andas en neutro. La vida en sí no basta, lo que la llena y le da sentido es algo más que comer, dormir y respirar porque no hemos venido a este mundo solamente a vivir, sino a vivir en abundancia. ¿Quién vive en abundancia? El que le da a la vida la “marcha” que ésta pide. Vivir a plenitud es… reír, llorar, amar, perdonar, estar triste, experimentar alegría: ¡ser feliz!… en abundancia. Solamente vivir es para los animales.
Por eso Jesucristo decía (Jn, 10,10):

“yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.